Argentina es River
Chilenos, uruguayos y brasileños se sienten mucho más orgullosos de pertenecer a su país que nosotros, argentinos divididos y enfrentados en mil matices (y pocas cosas de fondo). Por: Roxana Acotto
Lo que sucede con Argentina en el mundo bien podría compararse con lo que le pasa a River Plate en el torneo de fútbol local: es (¿o fue?) un “grande”, pero –lejos de su mejor momento– está ahora en “zona de promoción”, acechado por el fantasma del descenso.
Y como suele suceder en estos casos, en lugar de echarle la culpa a los rivales (otros países que ofrecen los mismos productos que nosotros), el campo de juego (el comercio mundial) o el árbitro (los organismos internacionales), habría que empezar por ordenar y alinear las cosas desde el propio vestuario.
Pocos argentinos quedan con vida de aquellos que vivieron el orgullo de ser un país potencia, el granero del mundo lleno de oportunidades. Hoy, chilenos, uruguayos y brasileños se sienten mucho más orgullosos de pertenecer a su país que nosotros, argentinos divididos y enfrentados en mil matices (y pocas cosas de fondo), desaprovechando oportunidad tras oportunidad en la falsa creencia de que somos un país rico.
Desarrollar una “marca país” no es sólo una estrategia de “marketing de lugares”. De nada le serviría a Colombia –por ejemplo– salir a mostrarse como un país sin violencia o a Bolivia pretender seducir con su tecnología industrial. Se trata –siempre– de tomar las fortalezas y oportunidades (bien definidas previamente) y salir a comunicarlas de la forma correcta en los lugares adecuados.
La comunicación hará lo suyo, pero terminará mandando la realidad. Y la realidad dice que de los 213.600 millones de dólares que ingresarán este año a Latinoamérica como inversión privada, Brasil captará el 60 por ciento y Argentina sólo el tres por ciento. Brasil siempre fue grande, pero nunca 20 veces más que nosotros, ni en recursos, ni el población, ni en infraestructura. Chile, nuestro “flaco” vecino, recibirá el 12 por ciento del total y sus fortalezas –al lado de las nuestras– de ninguna manera podrían considerarse –“objetivamente”– cuatro veces mayores. Algo anda mal en esa cuenta. Sí, y somos nosotros.
Nuestro vestuario (la sociedad toda y sus principales aglutinadores de opinión) es un “cabaret” y aunque pretendemos fingir que no hay crisis interna, a poco de empezar los partidos se nota desde el último lugar en la tribuna. Nos peleamos con todos, de adentro y de afuera y ya es parte del folclore que el vicepresidente desempate leyes en contra de su propio Gobierno, con el aditamento que ahora es tratado de “okupa”... ¡por la propia Presidenta!
“No estamos tan mal, miren tal y cual indicador, compárenlo con los de 2002, fíjense en este número”, dicen desde el oficialismo, sin faltar a la verdad. “Podríamos estar mucho mejor, estamos haciendo la mitad de lo que deberíamos”, es la cantinela de la oposición. Pero cuando vemos las “tablas de posiciones”, la discusión se termina: si avanzamos (y nadie dice que no), lo hacemos menos que nuestros vecinos y muy por debajo de nuestras potencialidades.
Cada 10 dólares que entran a la región, a seis se los lleva Brasil, a 1,2, Chile y a 0,3 Argentina. Fuimos grandes. Tenemos buenos jugadores y un gran estadio. Estamos en zona de promoción. ¿Qué hacemos, Ángel Cappa?
Lo que sucede con Argentina en el mundo bien podría compararse con lo que le pasa a River Plate en el torneo de fútbol local: es (¿o fue?) un “grande”, pero –lejos de su mejor momento– está ahora en “zona de promoción”, acechado por el fantasma del descenso.
Y como suele suceder en estos casos, en lugar de echarle la culpa a los rivales (otros países que ofrecen los mismos productos que nosotros), el campo de juego (el comercio mundial) o el árbitro (los organismos internacionales), habría que empezar por ordenar y alinear las cosas desde el propio vestuario.
Pocos argentinos quedan con vida de aquellos que vivieron el orgullo de ser un país potencia, el granero del mundo lleno de oportunidades. Hoy, chilenos, uruguayos y brasileños se sienten mucho más orgullosos de pertenecer a su país que nosotros, argentinos divididos y enfrentados en mil matices (y pocas cosas de fondo), desaprovechando oportunidad tras oportunidad en la falsa creencia de que somos un país rico.
Desarrollar una “marca país” no es sólo una estrategia de “marketing de lugares”. De nada le serviría a Colombia –por ejemplo– salir a mostrarse como un país sin violencia o a Bolivia pretender seducir con su tecnología industrial. Se trata –siempre– de tomar las fortalezas y oportunidades (bien definidas previamente) y salir a comunicarlas de la forma correcta en los lugares adecuados.
La comunicación hará lo suyo, pero terminará mandando la realidad. Y la realidad dice que de los 213.600 millones de dólares que ingresarán este año a Latinoamérica como inversión privada, Brasil captará el 60 por ciento y Argentina sólo el tres por ciento. Brasil siempre fue grande, pero nunca 20 veces más que nosotros, ni en recursos, ni el población, ni en infraestructura. Chile, nuestro “flaco” vecino, recibirá el 12 por ciento del total y sus fortalezas –al lado de las nuestras– de ninguna manera podrían considerarse –“objetivamente”– cuatro veces mayores. Algo anda mal en esa cuenta. Sí, y somos nosotros.
Nuestro vestuario (la sociedad toda y sus principales aglutinadores de opinión) es un “cabaret” y aunque pretendemos fingir que no hay crisis interna, a poco de empezar los partidos se nota desde el último lugar en la tribuna. Nos peleamos con todos, de adentro y de afuera y ya es parte del folclore que el vicepresidente desempate leyes en contra de su propio Gobierno, con el aditamento que ahora es tratado de “okupa”... ¡por la propia Presidenta!
“No estamos tan mal, miren tal y cual indicador, compárenlo con los de 2002, fíjense en este número”, dicen desde el oficialismo, sin faltar a la verdad. “Podríamos estar mucho mejor, estamos haciendo la mitad de lo que deberíamos”, es la cantinela de la oposición. Pero cuando vemos las “tablas de posiciones”, la discusión se termina: si avanzamos (y nadie dice que no), lo hacemos menos que nuestros vecinos y muy por debajo de nuestras potencialidades.
Cada 10 dólares que entran a la región, a seis se los lleva Brasil, a 1,2, Chile y a 0,3 Argentina. Fuimos grandes. Tenemos buenos jugadores y un gran estadio. Estamos en zona de promoción. ¿Qué hacemos, Ángel Cappa?
Extraído del Diario La Voz del Interior
Domingo 17 de Octubre de 2010
1 comentarios:
Me causó mucha risa la comparación!!! Como hincha de boca no me gustó que me hayan comparado con River pero la verdad que es muy cierto... será que los males de este país es porque hay muchas gallinas?
Publicar un comentario en la entrada